COMPAÑEROS DE VIAJE

jueves, 24 de enero de 2013

Vamos a sincerarnos Eva

Hoy estoy haciendo la prueba de enmudecer el teléfono móvil.

No deja de ser curioso como este aparato, que los italianos llaman telefonino, se haya incrustado de tal forma en nuestra vida diaria. Antes, como decía, un anuncio de televisión, llamábamos a una casa, pero ahora llamamos a una persona. Esto que parece un salto cualitativo en la comunicación se convierte muchas veces en un asalto a la privacidad. ¿Quién no se ha visto interrumpido en comidas, cenas, o simples sobremesas caseras por el zumbido del telefonino (qué queréis me hace gracia el nombre macarroni).

En otras épocas, en otra vida, yo vivía un idilio con mi teléfono. Llegaban llamadas, sms, whasapt… En aquel tiempo solo me faltó poner como tono una canción en plan love is in the air. Hoy pondría no sé… Por suerte no cambio el tono que viene con el móvil que utilizo para todas las llamadas,  sin discriminar amigos, familia o trabajo.

Hace poco leí en un blog como una chica contaba que había llegado a guardar en un cajón el teléfono para poder aferrarse a la esperanza de una llamada perdida cuando lo buscase. ¿Será cosa de mujeres o todos los humanos somos así de tontos cuando nos invaden las emociones? Yo no miro el móvil buscando llamadas, ni vigilo conexiones en whasapt, pero abro el correo con la absurda ilusión de encontrar palabras que no van a llegar y que, de hacerlo, no servirían para otra cosa que volver a hacerme daño.

Puestos a soltar intimidades diré que no era el hombre más atractivo que he conocido, ni el más inteligente, ni el más divertido… Podría augurar que dentro de un tiempo su nombre ya no significará para mí otra cosa que una vivencia del pasado. Pero hoy apago el móvil porque sé que no va a llamar y entro, una y otra vez, al correo aún sabiendo que allí no habrá nada de él.

Sí, este es otro blog abierto por una mujer con mal de amores. No pretendo ser distinta, solo salir de esta situación, y aprender a ser más realista, más sensata, más distante, aunque no sé cómo sin dejar de ser yo.

Eva R.

No hay comentarios:

Publicar un comentario