Estamos a viernes. Hace un tiempo era mi día favorito (por la tarde). Viernes en mi cabeza era sinónimo de libertad para no madrugar durante dos días y posibilidades de hacer algo distinto. La verdad era que luego madrugaba poco menos y que mis fines de semana eran absolutamente predecibles, pero supongo que yo era más conformista y/o estaba más apegada a lo que todos consideraban una vida normal.
Ahora viernes significa madrugar menos, pero también más tiempo para pensar y repensar y, retorcida como es una, me dedico a navegar por los mares de loquenotengo y loqueespero en vez de disfrutar placidamente en la bahía de loquehay.
No es que los fines de semana me aburra especialmente, incluso podría etiquetar algunos como interesantes. Lo que sucede es que la ansiada tranquilidad del fin de semana me deja tiempo para pensar en el estado actual de mi vida que, lamentablemente, oscila entre caótica o patética.
Los fines de semana caóticos son aquellos en los que salgo. Programados o no, son días llenos de actividad. Lo malo es que suelen ser lo que yo llamo actividades de relleno. Salir, quedar y moverse, no por apetencia sino por pasar el tiempo. Estos fines de semana han sido el marco temporal de algunas de mis peores citas que, por supuesto, ya relataré prolijamente.
Patéticos son aquellos fines de semana en los que zapineo como loca, en busca y captura de algo que pueda ver. Y lo tengo difícil porque parece que las cadenas de televisión compiten a ver cuál pone la película peor y, en caso de encontrar algo mínimamente entretenido, evito las historias de amor lo cual reduce mis opciones a una película de acción o policíaca ya que las de ciencia ficción tampoco me gustan.
Me estáis imaginado ¿verdad? En pijama o chándal, sofá con mantita, chocolates a mano, y cara de mala leche frente a la pantalla. Bueno… puntualizaré que no llevo pijama nada más que para dormir y que el chándal no figura entre mi ropa de andar por casa. Si cambiamos el vestuario y escondemos los chocolates (solo me faltaría engordar y deprimirme también por un michelín impertinente) ahí me tenéis, en modo maja vestida siglo XXI.
Viernes…
Sábado…
Domingo…
¡Y por supuesto no me gustan los lunes!
Eva R.
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