Me he puesto una fecha. El día de su cumpleaños. Faltan dos meses y algún día, pero no me olvidaré.
Ese día lo llamaré, o le enviaré un whasapt, o un correo… Seré cortés, pero distante, le recordaré que envejece, le desearé un buen día sin más y sin mí. Callaré todas las preguntas que, por dignidad, no haré. Mi objetivo será, exclusivamente, comprobar que aún no ha sido victima del infarto que lo amenaza con su dieta de cafeína, su tabaquismo y su perenne insomnio.
¿Os preguntaréis por qué quiero saber de él? ¿Qué sentido tiene? Ninguno, pero si me vuelvo zombie lo buscaré, me comeré su corazón y yo procuro no ingerir alimentos en mal estado.
Eva R.
"El corazón tiene razones, que la razón no entiende"...
ResponderEliminarAmiga, creo que tu estómago de zombie, no admite alimentos que más bien son para aves carroñeras.
Un saludo y mucho ánimo.
Gracias Magdalena.
EliminarAyer tuve un momento de bajura como dicen en Argentina. Cruzo los dedos para que dentro de dos meses y unos días me dé igual la fecha del calendario y no contacte, porque todo sea pasado también en mi corazón.
Saludos.
Nunca se olvida una fecha, si la cual nos recuerda a alguien que para bien o para mal, nos marca. Deséale que se cuide, lo requiere la edad. A ver si sana para cuando te vuelvas zombi.
ResponderEliminarUn saludo, Eva.
Bienvenida a este lugar Auroratris.
EliminarEl calendario puede ser una especie de Pepito Grillo asociado a un corazón herido, pero también es cierto que el tiempo es una cura tan lenta como eficaz.
Ya veremos qué pasa.
Saludos.